A partir de aquel 9 de junio todo cambió. En el momento en que tienes un hijo no te das cuenta de la gran responsabilidad que has adquirido, por más que lo hayas pensado; cuando ya lo tienes entre tus brazos, te das cuenta de que has traído al mundo un nuevo ser, que es un ser nuevo, diferente, que no es tuyo y de tu marido, no, es una persona independiente a la que tienes que formar para que pueda volar solo, no sólo cuando sea mayor, no, desde que nace has de enseñarle a ser libre y a usar su libertad sin que afecte a la libertad de sus semejantes.
Tengo que decir que a los hombres les cuesta un poquito más tiempo darse cuenta de esto, pero acaban admitiéndolo.
Nuestra chiquitina fue acogida con muchísimo amor, con ese mismo amor que nos tenemos su padre y yo, que es incontable. Con ese amor que nos tenía mi madre y que para la niña fue especial y crucial en su vida. Mi hermano, mi cuñada y mis sobrinos también la adoraban. Así pasamos los primeros días de la vida de Stella. Yo a los cuatro días y, a pesar de la cesárea, estaba en casa, quería que estuviéramos todos juntos. ¡Cómo tenía que ser!.
Hasta otro rato, que seguiré contando mi esperiencia con Stella del Pilar, mi alma, mi vida, mi corazón; el mejor regalo de Jorge y Dios.
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